
Cuando se acerca una partida importante, la tentación es pasarse horas delante del ordenador. Pero preparar bien no es preparar mucho: es preparar lo que de verdad puede salir y llegar al tablero con la cabeza despejada. Estas son las pautas que más ayudan, juegues al nivel que juegues.
Conoce a tu rival, sin obsesionarte
Las bases de datos permiten ver qué aperturas juega tu rival, con qué frecuencia y qué resultados obtiene. Fíjate sobre todo en tres cosas:
- Qué responde a tu primera jugada habitual (o a la que piensas jugar).
- Si es un jugador que repite siempre lo mismo o que cambia de una partida a otra.
- Cómo se defiende cuando está peor y cómo gestiona el reloj.
Elige la apertura con la cabeza fría
No siempre conviene ir a la línea más afilada. A veces lo mejor es llevar al rival a un tipo de posición en la que se siente incómodo, aunque objetivamente sea igualada. Una apertura que conoces bien y en la que entiendes los planes vale más que una novedad que has visto la noche anterior.
Repasa, no estudies de cero
La víspera no es el momento de aprender una apertura nueva. Repasa tus líneas principales, las ideas típicas y alguna partida modelo. Si encuentras un agujero en tu repertorio, apúntalo para trabajarlo después del torneo y busca para esta partida una alternativa que ya conozcas.
Llega descansado
Dormir bien, comer algo ligero antes de jugar y dejar el móvil a un lado una hora antes de la partida parecen consejos menores, pero en una partida larga la frescura mental decide más puntos que cualquier preparación de apertura.
La mejor preparación es la que te deja jugar tu partida, no la del ordenador.